Por una modernidad sin muros: “Los tres grandes” en el Whitney

José Clemente Orozco. Cristo destruye su cruz, 1943. Museo de Arte Carrillo Gil, Ciudad de México. Colección INBA/MACG. Fuente: http://www.museodeartecarrillogil.com

“[…] el deber urgente de nuestra América es enseñarse como es, una en alma e intento, vencedora veloz de un pasado sofocante, manchada sólo con sangre de abono que arranca a las manos la pelea con las ruinas, y la de las venas que nos dejaron picadas nuestros dueños.

José Martí, Nuestra América”, 1891.

En un momento histórico de polarización política en Estados Unidos, en el que la campaña electoral del presidente Donald J. Trump en el 2016 prometió un muro en la frontera con México, nos debemos preguntar: ¿qué rol puede tener la historia del arte en aliviar la demagogia y destacar la porosidad que ha existido, y continúa existiendo, entre los países vecinos? Mientras que las políticas de buena vecindad (“Good Neighbor Policy”), instauradas en la década de los 1930 bajo la presidencia de Franklin D. Roosevelt, frenaron de forma relativa el intervencionismo militar de Estados Unidos en América Latina y promovieron el intercambio comercial y cultural, al día de hoy nos toca revisar las influencias artísticas mutuas que aún quedan por explorar entre los países americanos.

La exhibición Vida Americana: Los muralistas mexicanos rehacen el arte estadounidense, 1925-1945, que actualmente se presenta en el Museo Whitney de Arte Estadounidense en Nueva York, explora la influencia ideológica y de estilo de “los tres grandesdel muralismo mexicano –José Clemente Orozco, David Alfaro Siqueiros y Diego Rivera– en el arte estadounidense durante dos décadas de convulsión social y política en ambas naciones. La exhibición, que abrió al público desde el 17 de febrero y se extiende hasta el 17 de mayo del 2020, cuenta con una impresionante selección de unas doscientas obras de la autoría de sesenta artistas mexicanos, estadounidenses y de otras nacionalidades que encontraron en el incipiente muralismo y las corrientes estéticas de México un nuevo lenguaje visual para nutrir sus propuestas artísticas. Estas nuevas tendencias se alejaron del compás europeo de la vanguardia, apostando por una modernidad temática y de carácter público. La muestra es un esfuerzo de investigación que se extendió durante catorce años, liderado por la curadora Barbara Haskell, la puertorriqueña Marcela Guerrero como curadora asistente, la curadora asistente en jefe Sarah Humphreville y con Alana Hernández como asistente de proyectos curatoriales.

Vista de sala de “Vida Americana: Mexican Muralists Remake American Art, 1925–1945” (Whitney Museum of American Art, New York, 17 de febrero al 17 de mayo 2020). De izquierda a derecha: Everett Gee Jackson, “Women with Cactus”, 1928; María Izquierdo, “My Nieces”, 1940; Escena de “Tehuantepec”, Mexico, 1940s. Foto por Ron Amstutz. Fuente: https://whitney.org/exhibitions/vida-americana

Dividida en diez secciones temáticas, la exhibición comienza con una pared color fucsia brillante, brindando ejemplos de la representación de la mujer mexicana en las pinturas Mujeres con cactus (1928), del estadounidense Everett Gee Jackson, y en Mis sobrinas (1940), de la mexicana María Izquierdo. A esta sala se suma la proyección de la película Tehuantepec, encargada por el Departamento de Turismo de México en la década de los 1940, en la que aparecen las costumbres y el folklore del Estado de Oaxaca, ensalzando las virtudes de la mujer campesina y la belleza de sus fiestas tradicionales. Las vestimentas coloridas y los tocados de las mujeres tehuanas fueron popularizados tanto en la obra de Diego Rivera como en la de su esposa, la también artista Frida Kahlo, como símbolos de la cultura mexicana. Estas figuras coloridas se enfrentan a dos litografías de Rivera, Escuela al aire libre (1932) y Los frutos del trabajo (1932), en las cuales aparecen estampas rurales, donde unos campesinos comparten libros y frutos. En estas litografías, el tratamiento de la figura humana es estilizado, tubular y recuerda al estilo cubista de artistas como Fernand Léger, a los que Rivera estuvo expuesto en su estancia en Europa. Como muestra esta exhibición, la representación de la sociedad mexicana en este periodo osciló entre una celebración indigenista y una reflexión austera de los retos sociales y económicos que destaparon los procesos revolucionarios del principio de siglo XX.

En la galería principal, titulada El nacionalismo romántico y la Revolución Mexicana, se muestran obras correspondientes al periodo posrevolucionario a partir de 1920. La Revolución Mexicana fue uno de los conflictos bélicos más sangrientos en América, con un saldo de más de un millón de muertes y años de inestabilidad política. Luego de una década de conflicto, los revolucionarios mexicanos dieron fin al Porfiriato. Antes de 1910, este período dictatorial se caracterizó por el desarrollo de diferentes industrias y por la bonanza económica para algunos, pero también por la desigualdad y la repartición injusta de las tierras, que dejaba a una masa campesina en la total desposesión. El nuevo gobierno constitucional buscó articular una identidad nacional unificada que celebrara los héroes de la Revolución, la reforma agraria y los pueblos indígenas de México. Bajo el gobierno de Álvaro Obregón y la secretaría de educación de José Vasconcelos, se comenzó el proyecto de encargar murales, siguiendo las tradiciones prehispánicas, para diseminar los nuevos valores nacionales a una población con un alto nivel de analfabetismo.

Tina Modotti, Hoz, canana y mazorca, 1927; Campesinos leyendo “El Machete”, 1929; Marcha de los trabajadores, 1926 [derecha]. Foto por Laura Rivera Ayala.

En esta sala se proyecta ¡Qué viva México!, una película comenzada en 1930 por el cineasta soviético Sergei Eisenstein. Este proyecto fílmico buscaba narrar la historia de México, desde la época precolombina hasta la Revolución. En esta sala también se encuentran ejemplos tradicionales de la pintura mexicana, como lo son La Malinche (1940) y La vendedora de lirios (1929), de Alfredo Ramos Martínez. Sin embargo, es interesante la intención principal de documentar la otredad humana y política que tuvieron los artistas extranjeros durante sus estadías en México, entre ellos Tina Modotti y Paul Strand. Las fotografías de Modotti, una artista de origen italiano que emigró a California en su adolescencia, muestran otro medio simbólico para representar el tesón político de los movimientos obreros y la presencia irrevocable del comunismo en la sociedad mexicana.

De estas conversaciones temáticas también se destaca la influencia de José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros en la obra de Jackson Pollock, ícono del expresionismo abstracto norteamericano. En la galería Orozco en las costas, se encuentra una reproducción fotográfica de la primera obra de un muralista mexicano en los Estados Unidos, Prometeo (1930). Esta obra, de la autoría de José Clemente Orozco, se encuentra en el Frary Dining Hall en Pomona College, en California. Este ejemplo del estilo poético de Orozco retrata al personaje mitológico con una expresión agónica, líneas de contorno abruptas y una paleta ocre. Se sabe que Pollock quedó tan fascinado con la obra de Orozco que conservó una reproducción en su estudio durante esta década. En esta galería se logra entablar un diálogo entre la obra de ambos artistas y la gran influencia que tuvo el artista mexicano en los experimentos cromáticos y formales de Pollock. En las obras Hombre desnudo (1938) y La llama (1934-38) se evidencia la pincelada suelta y la expresión casi lúdica con la abstracción, al igual que en Cristo deconstruyendo su cruz (1943), que es parte del mural que Orozco realizó en Dartmouth College. En la misma galería se encuentra una selección de la serie Migración (1940-41), del artista afroamericano Jacob Lawrence, quien también dio crédito a la gran influencia que tuvieron para él los murales de Orozco. Lawrence encontró en la calidad narrativa del muralismo un recurso vital para retratar los estragos de la población negra en los Estados Unidos.

Vista de sala de “Vida Americana: Mexican Muralists Remake American Art, 1925–1945” (Whitney Museum of American Art, New York, 17 de febrero al 17 de mayo 2020). De izquierda a derecha: José Clemente Orozco, Prometheus, 1930; Charles White, Hear This, 1942; Jackson Pollock, Naked Man, c. 1938–41. Foto por Ron Amstutz. Fuente: https://whitney.org/exhibitions/vida-americana.

Siqueiros, quien fue el más radical políticamente de los tres grandes, también fue el más radical en sus exploraciones plásticas. En 1921, el artista formó parte del grupo editorial de la publicación Vida Americana: Revista norte centro y sudamericana de vanguardia, título que entendemos da el nombre a la exhibición, aunque a este dato no se le da relevancia en la muestra. En la galería Siqueiros en Los Ángeles, se encuentra una fotografía del mural América Tropical: Oprimida y destrozada por los imperialismos (1932), donde aparece un águila sobrevolando un hombre crucificado frente a un templo mesoamericano. Ese que fue el único mural del artista en Estados Unidos fue tapado un año después de ser encargado para la Plaza de Cultura y Artes en dicha ciudad, debido a su carga política. Durante este primer viaje a  Estados Unidos, el artista comenzó a utilizar aerosoles y aerógrafos. El trabajo que realizó en Los Ángeles influenció a artistas como Luis Arenal, Philip Guston, Reuben Kadish y Fletcher Martin.

Entre las galerías más reveladoras de la exhibición, se encuentra una en la que se discute la obra creada en el taller experimental que Siqueiros estableció en la ciudad de Nueva York en 1936, durante su segundo viaje a Estados Unidos. Aquí se muestran ejemplos de los experimentos de Siqueiros con materiales como la nitrocelulosa y la piroxilina, en las obras El bosque eléctrico (1939) y Nuestra imagen actual (1947). Sin abandonar las denuncias políticas, Siqueiros propuso que un arte comprometido socialmente no tenía por qué dejar de ser innovador y que debía reflejar la tecnología industrial de la época. Como parte de los ejercicios del taller, los artistas goteaban pintura sobre superficies puestas en el suelo, experimento que dio paso a la famosa técnica de “dripping” de Pollock. Me atrevo a argüir que la influencia del muralismo en la obra de Pollock no fue solo en la exploración de materiales, sino en la escala monumental que adoptó el artista a partir del 1947. En esta galería se muestran obras de Pollock durante su participación en el taller experimental, incluyendo Paisaje con novillo (1936-7) y Sin título (1932).

Vista de sala de “Vida Americana: Mexican Muralists Remake American Art, 1925–1945” (Whitney Museum of American Art, New York, 17 de febrero al 17 de de mayo 2020). De izquierda a derecha: Jackson Pollock, The Flame, 1934–38; José Clemente Orozco, The Fire, 1938; Jackson Pollock, Composition with Ritual Scene, 1938–41; Everett Gee Jackson, Embarkation, 1938; José Clemente Orozco, Landscape of Peaks, 1943. Foto por Ron Amstutz. Fuente: https://whitney.org/exhibitions/vida-americana.

La sección Rivera y el Nuevo Trato contiene una estación multimedia en la que la audiencia puede apreciar en vídeo y fotografía los murales encargados en 1932 para el Instituto de las Artes de Detroit, como también un vídeo en donde aparece el artista pintando, utilizando la técnica del fresco. Este periodo marcó la exposición de Rivera al desarrollo de la industria automotriz, lo que abrió paso al deseo de visibilizar la clase obrera en su obra. Mientras Estados Unidos estaba sumido en las precariedades de la Gran Depresión, numerosos artistas protestaron por el encargo de murales a artistas mexicanos. En esta sección se incluyen obras de artistas americanos que fueron contratados por el Works Progress Administration, que funcionó como parte del Nuevo Trato [The New Deal] de Roosevelt para encargar proyectos de arte público, como fueron Marion Greenwood, William Groper y Hugo Gellert. En la obra de estos artistas se puede apreciar la influencia que tuvo el muralismo en la escala heroica de sus personajes, como también la modernidad de la obra de  Rivera en la falta de perspectiva.

Vista panorámica de “La industria de Detroit”, 1941. Detroit Institute of the Arts; donación de Edsel B. Ford. Foto de David Mariotti. © 2020 Banco de México Diego Rivera Frida Kahlo Museum Trust, Ciudad de México, D.F. / Artist Rights Society (ARS), Nueva York. Foto por Laura Rivera Ayala.
Escena de “Diego Rivera Industrial Mural, Detroit Institute of Arts”, c. 1932, película de 35mm transferida a vídeo digital, blanco y negro, sin sonido, 4:13 minutos. Cortesía del National Archives and Record Administration, Washington, DC. Ford Motor Company Collection. Foto por Laura Rivera Ayala.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Rivera y el Rockefeller Center contiene una reproducción fotográfica de El hombre controlador del universo (1934), un mural que realizó el artista en su regreso a México luego de que en 1933 la Corporación Rockefeller destruyera el mural Hombre en la encrucijada (1933), encargado para el nuevo Rockefeller Center en Nueva York, tras el artista negarse a eliminar el retrato del líder soviético Vladimir Lenin. En la nueva versión del mural en el Palacio de Bellas Artes, el artista también incluyó a Leon Trotsky, Karl Marx y Friedrich Engels. También en exhibición están la carta que le envió Nelson Rockefeller al artista solicitando la modificación del mural original y dos bocetos preparatorios para el Rockefeller Center.

Vista de sala de “Vida Americana: Mexican Muralists Remake American Art, 1925–1945” (Whitney Museum of American Art, New York, 17 de febrero al 17 de mayo de 2020). Diego Rivera, Reproducción de “Man, Controller of the Universe”, 1934. Foto por Ron Amstutz. Fuente: https://whitney.org/exhibitions/vida-americana.

La dirección curatorial de Vida Americana se interesó en realizar una revisión histórica del rol que jugó el arte mexicano en el desarrollo de las artes visuales durante el siglo XX en Estados Unidos, desmitificando el protagonismo de las vanguardias europeas en el desarrollo del arte moderno americano o el análisis puramente formalista que ofrecieran teóricos como Clement Greenberg. Pienso en el diagrama que Alfred H. Barr, Jr., primer director del Museo de Arte Moderno en Nueva York, creó en 1933 describiendo la colección ideal del museo. Empezando en la década de los 1920 e incrementando en la de 1950, Barr identificaba el futuro del arte moderno en Estados Unidos y en México.

¿Podríamos hablar de un proyecto hemisférico de modernidad americana, en el cual las diferencias y las luchas sociales comunes conformen un pensamiento transcontinental? ¿Cuáles son las complicidades estéticas, políticas y raciales que han compartido los países americanos desde su incepción y las que les faltan por afianzar? El panamericanismo parece ser cosa del pasado, pero hoy más que nunca la desigualdad y la sed de cambio social atraviesa el continente, y creo que el arte aún nos puede auxiliar en desenterrar algunas verdades políticas e históricas.

Alfred H. Barr Jr., Diagrama “torpedo” de la colección ideal del Museo de Arte Moderno, 1941. Fuente: https://www.moma.org/explore/inside_out/2009/12/21/at-play-seriously-in-the-museum/?fbclid=IwAR3IeVoHQCKLxKx7Xum0U7yDztJ71GDkLb6q2gHDOxxm00kvlNL3X7KrMpM

Como parte de la oferta programática de esta exhibición, el Whitney incluyó en español los textos curatoriales, la guía móvil, recorridos para familias inmigrantes y visitas de estudiantes del sistema escolar. En el proceso de escritura de estas líneas, busqué la traducción oficial de “Whitney Museum of American Art” al español, la cual aparece en la exhibición como Museo Whitney de Arte Estadounidense. Me pareció interesante esta variante lingüística, sobre todo desde una institución que se ha destacado en los últimos años por mostrar y adquirir la obra de más artistas latinoamericanos, como Hélio Oiticica, Carmen Herrera y, más cerca de casa, por la presencia de artistas contemporáneos puertorriqueños en su Bienal, como son Daniel Lind, Sofía Gallisá Muriente y Las Nietas de Nonó. En definitiva, me pregunto ¿qué países componen lo que denominamos América?, ¿qué nacionalidades e identidades caben dentro de la definición de arte americano? En fin, quizás América, como su arte, es una constante indefinición. La fluidez racial y estética del Nuevo Mundo es la virtud que debemos defender, en contra de binarios y antagonismos falsos que continúa promoviendo la demagogia racista de estos días.

La exhibición Vida Americana: Mexican Muralists Remake American American Art, 1925-1945, se exhibe en el Whitney Museum of American Art en Nueva York hasta el 17 de mayo de 2020.

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