El hilo como medio artístico

Threadstories, en la exhibición Hilo: textil en el arte contemporáneo, 2019.

Needlework is the one art in which women controlled the education of their daughters, the production of the art, and were also the audience and critics.

Patricia Mainardi, Quilts: The Great American Art, 1978

La práctica del medio textil lleva impregnada un sesgo de género ineludible, por lo que no debería sorprender que una exhibición titulada Hilo: textil en el arte contemporáneo esté compuesta en su mayoría de obras realizadas por mujeres. Lo que sí sorprende es la diversificación que estas artistas han logrado a partir de este material. El hilo entreteje las titánicas luchas que la mujer ha librado para conseguir equidad, pero las propuestas presentadas por esta selección de artistas, provenientes de cinco países distintos, no se limitan a este asunto en absoluto.

Beatriz Helton, en la exhibición Hilo: textil en el arte contemporáneo, 2019.

La labor de la mujer en la industria de la aguja ha sido fruto de profunda investigación desde ángulos muy diversos, principalmente económicos y sociales. Por su parte, los ecos que esta realidad social ha tenido en las artes visuales es un tema que la historia del arte ha explorado en décadas recientes. Un acercamiento desde esta disciplina lo realizó Patricia Mainardi, en su libro Quilts: The Great American Art. En él, la autora propone que, en el siglo XIX, la confección de edredones (“quilts”) con patrones coloridos se tornó en el arte por excelencia de la mujer estadounidense de esa época. En Puerto Rico, por su parte, el mundillo se reconoce como un arte popular y en algunos ámbitos se tiene en tan alta estima que existe el Museo del Mundillo, localizado en Moca, y se han presentado piezas en esta técnica en importantes centros artísticos, como el Museo de Historia, Antropología y Arte de la Universidad de Puerto Rico, y el Museo de Arte de Puerto Rico. Tradiciones como estas se reconocen a simple vista en las obras de la estadounidense Beatriz Helton y la puertorriqueña Zaida Goveo Balmaseda. En la muestra, las dos obras de Helton son, quizás, en las que es más posible advertir un saludo a lo tradicional, y están compuestas de capas de tela de distintos colores, con diseños cosidos para lograr un efecto pictórico a base de hilos. Por el contrario, Goveo Balmaseda transforma los patrones del mundillo en una instalación en toda la sala, acompañada de, como ella misma lo denomina, un ritual de activación: una acción perfomática realizada en la apertura de la exhibición el pasado 2 de noviembre. En este ritual fue posible presenciar la preparación de cuatro brebajes a base de plantas y líquidos en frascos de cristal, que forman parte de la pieza central de su obra efímera, por contener plantas que se irán secando en la exhibición con el paso del tiempo. En general, la obra presenta tintes religioso-primitivos. A todas luces cita la estética de la práctica de las curanderas, aquellas mujeres sabias que desarrollaban una medicina paralela a la oficial pero que han pasado a la historia con el malogrado estigma de ser brujas o malvadas hechiceras. De este modo, la obra de Goveo-Balmaseda tiene un poderoso elemento reconciliador.

Zaida Goveo Balmaseda, en la exhibición Hilo: textil en el arte contemporáneo, 2019.

Durante la apertura, Niurca Marquez realizó otro performance, que resulta ser la obra que más se aleja de los lastres que históricamente ha arrastrado el textil. Sus “hilos” son cuerdas de nilón colgadas de un árbol, con las cuales forcejeaba vestida en un traje de novia. La artista se retorcía entre las cuerdas, se enredaba y desenredaba, a veces casi tocaba el suelo con el rostro y, al regresar a la posición vertical, daba pasos propios de ritmos flamencos. En la mitad de la acción, comenzó un toque de rumba con el cual la artista continuaba sus movimientos hasta que se fue liberando de los amarres, hasta salir caminando, mientras entonaba las líricas de la misma canción de rumba que sonaba antes. Irónicamente, aunque sea la obra que menos se apega a los convencionalismos de la tela, quizás es la obra que más se acerca al asunto de las luchas históricas de la mujer.

Por su parte, -la única obra de un artista varón- el estadounidense Jon Cowan muestra una relación con el textil que parece opuesto al performance de Marques. Las pinturas de Cowan parecen lienzos comunes, con elegantes diseños coloristas a partir de abstracciones geométricas. Sin embargo, al acercarnos, es posible advertir que el lienzo es, en realidad, la pintura misma. Así, el artista urde sus pinturas con hilos de colores y las convierte en la tela que reviste el bastidor, acción esta que nos remite a la aseveración del crítico estadounidense Clement Greenberg, en la que aseguraba que la pintura es pintura y la superficie es superficie, sin necesidad de más. Cowan trasciende esta máxima de la Escuela de Nueva York, al hacer de superficie y pintura una sola cosa.

Obra de Lilliam Nieves, en la exhibición Hilo: textil en el arte contemporáneo, 2019.

Las relaciones que se generan entre las obras expuestas superan el comentario local, en relación con sus contrapartes internacionales. La artista puertorriqueña Lilliam Nieves, por ejemplo, presenta una obra interactiva, añadiendo dos coronas tejidas a una propuesta que lleva trabajando desde hace varios años. La misma invita al espectador a tomarse “selfies” usando sus coronas, para después subirlas a las redes sociales junto con los “hashtags” #lilliamnievesartista y #coronasnieves. De este modo, el hilo no conforma la pieza como tal, sino que es un medio que propicia su fusión con el arte digital. Así, se ponen en relieve las dinámicas contemporáneas entre el espectador, el artista, la obra y el autorretrato, en tiempos del “selfie”.

 

Por otro lado, la artista irlandesa conocida como “threadstories” en la red social Instagram, provoca diversas reacciones con sus grotescas máscaras a base de hilos. Al igual que Nieves, el autorretrato es un elemento relevante en su propuesta, aunque en este caso se utiliza la cámara con una intención que nos recuerda al hilo conductor en la producción de Cindy Sherman: la creación de identidades ficticias o de personajes monstruosos. Aunque la artista aquí teje máscaras, su intención no parece ser taparse el rostro por completo, sino más bien incomodar a quien la mire a la cara. A diferencia de las leyes musulmanas que determinan ocultar, en diferente grado, el rostro de las mujeres, “threadstories” busca llamar la atención con sus prendas. Con esta acción, la artista revierte el propósito de impedir que se vea el rostro y le dota de un nuevo significado contrario al recato, exhibiendo su propuesta ante sus más de 49,000 seguidores en Instagram. Este es un proceso que comparte con Lillian Nieves, pues ambas acuden a la misma plataforma para exhibir sus piezas paralelamente al espacio de la sala, conduciéndolas a contextos globales a través de cualquier aparato con acceso a internet. Aunque son proyectos de talante muy distinto, resulta muy estimulante advertir el amplio alcance del diálogo que entablan desde un espacio como El Cuadrado Gris, el cual es, propiamente, un sótano.

Entre coronas, máscaras, fotografías, telas, videos, tejidos y círculos rituales, existe una gran dosis de tradición involucrada en la muestra, aunque, hay que mencionaralo, no es una exhibición de corte tradicional. La curaduría de Annie Y. Saldaña se centra en la actualidad, no únicamente porque se trate de artistas contemporáneas, sino porque las piezas mismas versan sobre nuestro tiempo globalizado y tecnológico, en el que las culturas, con sus dinámicas sociales particulares, convergen a diario. Las artistas que la protagonizan, es importante también, son creadoras con carreras en pleno desarrollo y proyecciones de futuro prometedor.

Jon Cowan, en la exhibición Hilo: textil en el arte contemporáneo, 2019.

Aunque las artes de la aguja no han sido un ámbito cercado a la práctica masculina, a menudo encontramos que, para los artistas, el medio textil ha sido más una forma de resolver un problema técnico sin olvidar también el lienzo como soporte de la pintura—, mientras que la aguja tiene una relación histórica con las mujeres que llega hasta nuestros días. Por tanto, Hilo: textil en el arte contemporáneo no parece reunir a las artistas exclusivamente por su género, sino porque son ellas quienes, en su mayoría, han hecho del hilo un medio artístico, más que emplearlo como un mero soporte o un elemento circunstancial. Y en este asunto, a día de hoy sigue habiendo “mucha tela pa’ cortar”.

La exhibición Hilo: textil en el arte contemporáneo estará abierta durante todo el mes de noviembre de 2019, para ser visitada por cita previa. El Cuadrado Gris se encuentra en el número 455 de la Calle Tito Rodríguez, de San Juan. Para más información, visite Facebook: El Cuadrado Gris o Instagram: elcuadradogris.