Sobre el vacío y la ausencia

Ada del Pilar Ortiz, Abrasado, 2019.

Una sala austera: luz tenue, una única obra en cada muro y una última suspendida en el centro del cubo blanco. El gran formato, las formas familiares, las marcas sutiles y demás detalles remiten de inmediato a lugares que la memoria no puede alcanzar con precisión. Todo está inundado de una especie de ¿nostalgia?, ¿desasosiego?, ¿melancolía?, ¿incertidumbre?, de un no sé qué pesaroso, pero grato, que deja una sensación parecida a la de pasear por la casa sin muebles antes de mudarnos lejos. Así es como el espacio, la intimidad y otros elementos intangibles se conjugan en Formas de materializar el vacío.

Ada del Pilar Ortiz parte de la pintura, investigando técnicas y métodos inusuales para lograr obras muy distintivas, siendo esta su primera muestra individual como resultado de una residencia artística en Área: Lugar de proyectos. En su transcurso, la artista decidió expandir su línea de trabajo, centrada en la relación entre el ser humano y el espacio que habita, prestando particular atención a aquellos espacios que una vez fueron importantes para alguien, pero que hoy se encuentran en desuso, abandono o incluso en ruinas. Tanto las inusuales técnicas como la factura final de las piezas –deliberadamente irregular, raída y desaliñada– delatan el estado en el que se encontraban los edificios a partir de los cuales la artista trabaja. Y es que sus obras son piezas de pared a base de pedazos de paredes. Tanto la composición como el acabado final de cada pintura depende de una estructura escogida por estar deshabitada; luego, la artista coloca la tela directamente sobre los remanentes del lugar seleccionado para aplicarle látex, que al retirarse de la superficie se lleva consigo parte de sus colores, fisuras, marcas, suciedad y otras características físicas.

Ada del Pilar Ortiz, Espejo, 2019.

Tras un vistazo al aspecto ennegrecido y agrietado de la obra Abrasado, no hace falta conocer el título para adivinar que es el resultado de un edificio que sufrió la implacable fuerza de las llamas. No obstante, los títulos son todo lo que hace falta para atisbar las intenciones de la artista: levantar los remanentes del aura de lo que fuera un espacio una vez lleno de vida. Sin embargo, esta es un aura distinta de la que Walter Benjamin acuñara, puesto que no se basa en lo que la artista ha volcado en sus obras, sino que en lo que recupera de aquellas personas, desconocidas quizá, cuyas vidas transcurrieron dentro de estas construcciones desechas. A esto se debe esa sensación de familiaridad inexacta que experimentamos al estar frente a la obra Espejo, por ejemplo. Podría ser una ventana, tiene aspecto de antiguo gabinete o quizás un retablo, pero independientemente de la realidad concreta de la cual la obra adquirió sus características, cada espectador verá reflejado en su negra superficie, opaca y de látex, agrietado el bagaje familiar/hogareño que trae consigo.

Ada del Pilar Ortiz, Almohadillas, 2019.

Otro medio que explora la artista es la fibra termoplástica; éste requiere de una técnica  en la cual se aplica calor a una tela gruesa sobre un molde prefabricado, en este caso, sobre un fragmento de una estructura colonial. De este modo, se logran altos relieves que hacen de las obras un cruce entre las técnicas de la gráfica (como el gofrado, por ejemplo) y la escultura. Esta última técnica es la que utilizó Ortiz en la confección de la obra Almohadillas, en la que escogió una estructura sanjuanera para recrear un elemento arquitectónico que remite al Renacimiento italiano y que solía utilizarse para imprimirle fortaleza y resistencia a la fachada de un edificio: el almohadillado. No obstante, la artista utiliza tela para recrearlo: un material blando que en la historia del arte se ha vinculado a la labor artística de la mujer y, como consecuencia, un material históricamente ligado al espacio doméstico. La artista crea así una especie de poema visual al dotar la pieza de un doble sentido que se aproxima más hacia la almohada con que dormimos que a la dura superficie del edificio semiderruido. De este modo, confluyen en la muestra tópicos históricos, asuntos sociales, temas de género y otros problemas de actualidad.

Tras el ejercicio casi forense que la artista realiza, el vacío termina por ser un actor secundario en la muestra, a pesar del título de la misma, puesto que requiere de la ausencia de unos agentes para poder ser. Aquellos que no están son los verdaderos protagonistas; aunque no podamos saber quiénes son y solo alcancemos a conocer la decadencia que dejaron atrás. Construir mediante la destrucción es una dicotomía que nos parece tristemente cotidiana, por lo que esta artista nos confronta con una especie de anti-vanitas, que no nos recuerda que moriremos, sino que, colectivamente hablando, ya hemos muerto desde hace tiempo. Ya otros como nosotros han estado presentes y no necesariamente queda piedra sobre piedra para evidenciarlo. En última instancia, Ada del Pilar Ortiz emprende una búsqueda por materializar el vacío a través de una estética poderosamente intuitiva y subjetiva en altas dosis, que nos deja la tarea de buscar un recuerdo individual. Irónicamente, esta exhibición nos hace testigos de una presencia que ha quedado en el olvido, la de aquellos momentos que no llegaron a ser historia.

Ada del Pilar Ortiz, Exhalado, 2019.

Formas de materializar el vacío, una exhibición de Ada del Pilar Ortiz, permanecerá abierta hasta el mes de julio en Área: lugar de proyectos. Para más información: 787-516-2545 – www.proyectosarea.comhttps://m.facebook.com/arealugardeproyectos/

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Carlos Ortiz Burgos

Egresado del Programa de Historia del Arte de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. Ha participado en simposios celebrados en el Instituto de Cultura Puertorriqueña y el Museo de Arte de Ponce, ha sido docente en el Museo de Arte de Puerto Rico y Coordinador General de Fundación de Arte FITS.FOUNDATION. Reconocido con una mención honorífica en el primer Certamen de Jóvenes Críticos de AICA, Capítulo de Puerto Rico, fundó la publicación subgraduada Puntos de Fuga. Ha colaborado con el periódico digital 80 Grados y ha publicado en la Revista del ICP y la revista Arte y políticas de identidad, de la Universidad de Murcia.

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