Del sonido del barro: una entrevista a Gadiel Rivera

Gadiel Rivera en su estudio-taller, San Juan, P.R.

 

Gadiel Rivera, artista y educador en la Universidad de Puerto Rico, fue premiado con una Beca Lexus para Artistas en 2016 y ha exhibido en los principales museos del país, así como en galerías del área metropolitana y en diversos pueblos de la isla.  Fue integrante de la controversial exhibición Paréntesis, ocho artistas negros contemporáneos, celebrada en 1996 en el Antiguo Arsenal de la Marina Española. Su obra presta constante atención a sus (nuestros) orígenes afrodescendientes y, en muchos aspectos, se fundamenta en la memoria.

Conocí a Gadiel Rivera cuando estudiamos juntos en la Escuela de Artes Plásticas, en 1989. Desde entonces, sé de sus ensamblajes, es decir, de su modo de reunir las más diversas materialidades y objetos, haciendo de cada cuerpo cerámico un ser híbrido. Con total soltura y sencillez, el artista combina elementos de diferentes naturalezas; por ejemplo, podemos ver una rama, un pedazo de corteza de árbol y una pluma de ave configurarse como partes integrantes de una cabeza en cerámica. Las cabezas modeladas en barro son por sí mismas uno de los componentes que le distinguen, una de sus singulares temáticas. No son retratos ni representaciones.  Ellas, según relata Rivera, de igual modo que el resto de su trabajo, operan como poesías visuales. Son seres que abren en sus rostros la belleza. Son rostros, delineados o borrosos, que aparecen como observadores del mundo con todo tipo de miradas: atentas, reflexivas, dinámicas, expresivas, serenas o meditativas. Muchas de sus cabezas cargan otros seres vivos sobre ellas, seres de naturaleza no siempre reconocibles. Sus dimensiones no son arbitrarias, e impresiona la belleza que el artista hace posible cargar en una sola mano.

En su taller abundan materialidades y sus fragmentos: maderas, piedras, higueras, tiestos llenos de troncos y ramas secas, arena, semillas, residuos de cerámica triturada y muchas otras cosas que, además de ser objetos para la contemplación, son objetos seleccionados por él como sus propias herramientas. Su jardín enmarca su área de trabajo; la naturaleza, como los objetos inanimados, se sienten respirar juntos en su entorno. El espacio de su taller nos permite el encuentro con una vasija, un vaso, una columna, una loseta que cerca a otra se convierte en un rompecabezas, un plato con un borde calado o una taza. Los materiales de trabajo están expuestos, se desplazan junto a los objetos. Todo apunta al estado fluido de creación del artista, en el que toda su atención es absorbida en el proceso; el artista está en todo y viceversa. Durante esta entrevista, vi surgir allí, sobre una de sus mesas, un plato con patas, cuyo fondo es un ojo-dujo-huracanado, el cual fue soñado primero y luego creado por el artista.

Los temas y las imágenes del artista los vemos concurrir en diversos medios y dimensiones. Es así que la escultura del cimarrón que vi en la Galería Art Room, hace apenas un mes, luego la reencuentro en su taller, ahora en una serie de variaciones. El artista hace reaparecer al cimarrón pintado sobre losetas, corporizado en un collage o resurgiendo en un dibujo sobre papel; cada medio posibilita que aparezca algo nuevo del cimarrón.

Torso tatuado (detalle frontal). Fotografías por Eric Borcherding.
Torso tatuado (detalle dorsal). Fotografías por Eric Borcherding.

 

 

Hace unos años aprendí con él la técnica de ahumar la cerámica. Cada vez que nos vemos aprovechamos para compartir sobre nuestras experiencias y hablar sobre nuestros acercamientos al arte. Visitar su taller es ver multiplicarse las técnicas del color, los óxidos, los esmaltes, las texturas, el ahumado o el rakú; su taller habla de cambios, transformaciones, nuevos hallazgos, riesgos y, sobre todo, de traspasar los límites. Esta entrevista la impulsa el aprecio al imprescindible arte que nuestro artista, Gadiel Rivera, nos entrega.

Elizabeth Robles: Pensando en ti como ceramista, me pregunto: ¿cómo ves tus manos?

Gadiel Rivera: Yo llamo a mi mano la mano que habla. La mano es súper importante, es como si fuera mi cerebro. Todo pasa por mis manos. Cuando comienzo a trabajar no pienso, son ellas las que se expresan. En mi proceso de trabajo hago investigación: constantemente miro cerámica, joyería, trabajos en textil, dibujos, moda, tatuajes, hago yoga, leo poesía; no necesariamente busco nada. Solo estoy pensando y observando. En el momento en que estoy con el material no pienso, digo que voy, como bien animal. Voy con lo que va sucediendo. Por ejemplo, veo un tatuaje y lo observo como dibujo, lo que hace que piense el cuerpo como un papel. Veo un tatuaje y lo imagino sobre el barro.

ER: ¿Qué es para ti ser un ceramista?

GR: Es que yo no sé si soy ceramista. Yo trabajo con el barro y me encanta. Yo trabajo con distintos medios, me gustan muchos. Mi tesis o concepto es que una idea cambia con cada medio, según lo que el medio da, si se respeta el medio. Si hago una forma en piedra, si la hago en cerámica, si la hago en papel —la misma idea o el mismo sentimiento— cada medio me va a dar algo diferente, si lo respeto, si no quiero que el barro parezca cuero, que el cuero parezca barro, respetando lo que me da cada cual. Si es hilo es hilo y lo que me da el hilo.

La búsqueda es esa, hacer algo respetando o conociendo lo que me da el medio. Dejándome llevar, con los errores, con los tropiezos. Lo artesanal y lo que llamamos arte plástico siempre han estado vinculados en mi trabajo, siempre uno al lado del otro. Para trabajar un medio es necesario conocerlo, tanto al trabajar el barro como al tejer.

Serie Susurro (detalle). Fotografia por Eric Borcherding.
Serie Susurro (detalle). Fotografia por Eric Borcherding.

 

ER: ¿Qué medios conoces?

GR: Soplé cristal por varios años, estudié en el Taller Yuké de Ricardo de Soto, en el Parque Industrial Otero, en Carolina. Recuerdo bien el espacio, era un lugar especial que él mismo preparó, y llevó allí distintos maestros. En México aprendí a trabajar con el telar y con la joyería en plata; sigo jugando con el telar, dibujo todo el tiempo, me interesa mucho el libro de artista, su encuadernación. Todo ese trabajo que requiere un proceso repetitivo es como un mantra.

ER: ¿Cuánto hace que trabajas en barro?

GR:  Yo empecé cuando entré a la Inter-Metro, mi primera clase de cerámica básica fue con Sylvia Blanco. Ese fue mi primer contacto formal. Tendría a lo mejor veinte o veintiún años. Y ahí me enchulé del barro. Le agradezco a ella. Yo ya había tocado el barro, había hecho unas cosas… unas vasijitas, aquí, en esta casa, con un barro que encontré por ahí [señala al patio], hice unas piezas y las dejé secar solas. Fue emocionante. Al estudiar con Sylvia me encantó su acercamiento al barro, fue bien sencillo y llevadero. El barro fue amable y ella también. Un proceso amoroso, sin nada de tensión. Aunque era una clase para nota, todo el tiempo fluyó bien relajado.

 

Textil (detalle), fotografía suministrada por el artista.

ER: Cuéntame sobre el desarrollo en tu forma de trabajar.

GR: Es curioso, mi trabajo lo conceptualizo desde la idea de la mano que habla, pero nunca me había puesto a mirar mis propias manos, hasta ahora que me lo preguntas al principio. Mi mano se ha tenido que desarrollar a través del tiempo que llevo trabajando con el barro, por ese contacto que yo llamo de amistad con el barro. También pienso en el proceso al trabajar, antes era más corrido. Hace un tiempo atrás trabajaba a la vez varios medios. Desde que soy padre, hace veinticuatro años, el tiempo para trabajar es más intermitente.

Además, todos los medios y técnicas que me gustan toman mucho tiempo, todos son lentos: el telar y la joyería conllevan procesos lentos. He tenido que empezar a escoger. Hace años vengo concentrándome en el barro y dando clases de cerámica. Al dar clases de torno y de cerámica a mano, el contacto constante con el barro —enseñando a muchas personas, dejando que cada cual, en el proceso de aprendizaje, elija su camino— ha sido y seguirá siendo una gran escuela para mí. Llevo varios años enfocado en la cerámica. Esta es una cocina lenta, yo cocino lento.

ER: ¿Cómo es tu proceso?

Yo rondo la pieza, la trabajo y la suelto, le doy la vuelta. La miro cada día y veo posibilidades. Los colores y las formas, eso, vive por tiempo en mi cabeza. Pero cuando me siento a trabajar con la pieza, cuando la cojo, la mano es la que habla. Yo no voy a pensar, me veo como una media unidad.

Te voy a contar un recuerdo. Mi abuela por parte de padre era espiritista, tenía una casita de madera y ahí estaban todos sus santos y la mesa con agua. Recuerdo el envase. Ahí venían personas a consultarse. Ella tenía una libreta o papeles en blanco y “escribía” [escribe en el aire signos de comillas mientras lo dice]. Luego leía los garabatos que hacía en papeles durante el proceso y les hablaba a las personas lo que había “escrito”. Yo me veo algo así, dejo que el barro me hable. Claro, yo también voy con el barro. Ahí hay una lectura de la pieza hecha y luego viene el pensamiento del color; el color es todo un universo, pero esa sería otra entrevista [nos reímos]. Voy como animal, me tiro y voy espontáneo, por instinto. Casi nunca hago bocetos, no puedo seguir un dibujo previo, aunque sí puedo tener algunas ideas. En mi trabajo hay mucho de memoria, consciente o inconsciente. Por ejemplo, la escultura Cimarrón de Mangle estuvo conmigo mucho tiempo, rondándome en la cabeza, hasta cuando comencé a trabajar y ahí salió. La pieza está en proceso y pasa el tiempo y voy rondándola, es un proceso lento, donde la pieza me habla, en ese diálogo la pieza sigue creciendo.  Luego, al terminar, hago otra lectura.

ER: ¿Qué es lo más que te interesa?

GR: Me paso observándome… lo que más me interesa son las piezas que puedas llevar, que la puedas poner en cualquier sitio, que sea para el diario. Veo que me interesa el contacto. Más que impresionar por la escala, que sea una pieza que impresione por el tacto y por lo cerca e íntima a uno. Fíjate en esto: con los medios cerámicos puedo dibujar, grabar, pintar, diseñar y hacer joyería, es mi forma de trabajar todos los medios que me encantan y me interesan.

ER: ¿Qué estudiaste con Sylvia Blanco?

GR: Con Sylvia fue super nítido, aprendimos a trabajar con la soga, con plancha, con pellizco, el proceso de secado, el proceso básico de quema y el horno, los esmaltes, los óxidos. Lo más que trabajamos fue con óxidos. Ya cuando me trasladé a la Inter de San German empecé en la concentración de cerámica y escultura, pero también cogí fotografía, dibujo, grabado, pintura… de todo. Experimenté con diferentes medios.

E.R. ¿Tu formación entonces fue formal?

G.R. Sí, pero la parte artesanal también ha sido bien importante. Aunque yo estaba en el estudio de la plástica, verdad, yo también hacía joyería e iba a ferias. Yo calaba joyería en metal, las grababa con ácidos, diseñaba el montaje  y las montaba.  Mientras estudiaba en San German venía los veranos a hacer, como quien dice, un internado con José Flores, en su taller en San Juan. Ah, ya me acuerdo, eso fue como en el 1983-84, su taller se llamaba Los taínos. Él es un artesano ceramista que tenía el taller en el Callejón de la Capilla. Aprendí con él lo artesanal, lo vi tornear, hacer platos, vasos y vasijas.

Ves, siempre ha estado la fusión, y lo estará, de lo artesanal y de la plástica, de lo conceptual y lo manual. Para esa época, en el 1984, voy por primera vez a la feria de la Calle San Sebastián, y desde entonces me interesa el objeto que puede estar en lo artesanal o moverse a la plástica, por ejemplo, un collar que usas, pero puede ser a su vez una escultura o un amuleto.

 

Cimarrón de mangle (detalle). Fotografía suministrada por el artista.                  

ER: ¿En que piensas cuándo pones las manos en el barro?

GR: Lo que quiero es gozármelo. No me importa ni a dónde va, si lo voy a exhibir o a vender, eso no me importa.

ER: Vi tus trabajos en la exhibición reciente en Art Room, en Hato Rey. Vi tu Cimarrón de Mangle y las pinturas en loseta. Cuéntame más de tu relación con el mangle.

G.R. El mangle me interesa porque yo trabajo con toda mi parte negra, mi raíz negra africana. En la escultura de cerámica pintada que viste en el Art Room, el rostro arriba es el rostro cimarrón y el cuerpo es el mangle, esa energía desde donde surge su vida. Me encanta el mangle, me gusta como forma y tejido, y me gusta más la historia que trae.

E.R. Esta conversación de seguro seguirá, pero ahora, a modo cierre o pausa te pregunto: ¿qué sonido sientes o piensas cuando estás con el barro?

G.R. El sonido del silencio.

Nota: Esta entrevista se llevó a cabo el 26 de septiembre de 2019, en el taller-casa de Gadiel Rivera.

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