{"id":96,"date":"2013-09-27T15:13:47","date_gmt":"2013-09-27T15:13:47","guid":{"rendered":"http:\/\/humanidades.uprrp.edu\/estudioshispanicos\/?p=96"},"modified":"2013-10-17T18:22:08","modified_gmt":"2013-10-17T18:22:08","slug":"el-hermoso-hoy","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/humanidades.uprrp.edu\/estudioshispanicos\/?p=96","title":{"rendered":"El &#8220;hermoso hoy&#8221;"},"content":{"rendered":"<div><i>Discurso de Eduardo Lalo al recibir el Premio R\u00f3mulo Gallegos 2013 por su novela Simone:\u00a0<\/i><\/div>\n<div><\/div>\n<p>La mayor parte de los habitantes del mundo poseen or\u00edgenes definidos, estables, pr\u00e1cticamente incuestionables: un lugar, un pueblo, una naci\u00f3n, un documento estatal, que establecen claramente sus coordenadas personales. Sin embargo, existen tambi\u00e9n otros habitantes del planeta cuyos or\u00edgenes son preguntas, equivocaciones o condenas. Recuerdo mis tiempos de estudiante en Europa, cuando invariablemente me deten\u00eda la gendarmer\u00eda francesa en sus puestos de frontera. Recuerdo como el ce\u00f1o del oficial se frunc\u00eda al examinar mi pasaporte, como comparaba la foto con mi cara, como volv\u00eda sobre el documento, como me dejaba esperando ante el mostrador y regresaba con un superior que, luego de examinar nuevamente las p\u00e1ginas de mi documento de \u201cidentidad\u201d, me preguntaba con una mezcla de desprecio y celo policiaco: \u201cQui etez-vous?\u201d, \u201c\u00bfQui\u00e9n es usted?\u201d<\/p>\n<p>En ese documento que permite acceder al resto del mundo, se consignaba, sin explicaci\u00f3n, un pu\u00f1ado de datos desorientadores que en mi caso confund\u00edan or\u00edgenes con legalidades. En el pasaporte no estaban mis lealtades o, lo que es lo mismo, la explicaci\u00f3n de m\u00ed mismo dada desde la consciencia de los afectos. En ese pasaporte concedido a Eduardo Alfredo Rodr\u00edguez Rodr\u00edguez se le informaba a los aduaneros del mundo que el que ten\u00edan ante s\u00ed era un ciudadano estadounidense nacido en Cuba y (en esa \u00e9poca, hace unos 30 a\u00f1os, y he aqu\u00ed otra instancia por la que ha aumentado nuestra invisibilidad) que este documento hab\u00eda sido emitido por el Departamento de Estado del Estado Libre Asociado de Puerto Rico. En lugar del pretendido efecto clarificador del pasaporte, entregaba un documento opaco y turbio. Desde entonces, he debido sintetizar en las fronteras en las que he sido detenido una formulaci\u00f3n factual que resulta para muchos casi incomprensible: \u201cNo soy estadounidense, no soy cubano, soy puertorrique\u00f1o.\u201d La explicaci\u00f3n larga de esto, la abarcadora pero siempre incompleta, se halla de maneras no del todo evidentes, en mis libros.<\/p>\n<p>A veces alguien tiene la fortuna, y \u00e9sta aumenta en aquellos cuya historia familiar est\u00e1 asociada al exilio, la lejan\u00eda y la p\u00e9rdida, de hallar un lugar en el mundo. Recib\u00ed este don cuando apenas tuve consciencia de m\u00ed mismo, montado en una bicicleta en cuyo manubrio iba trabado perennemente un guante de b\u00e9isbol. En cualquier calle se armaban partidos con jugadores que ahora bateaban y corr\u00edan las bases, pero que solo un rato despu\u00e9s se reagrupar\u00edan en nuevos equipos, luchando bajo los aros de una cancha de baloncesto. All\u00ed, entre esos muchachos, supe ya lo que ning\u00fan pasaporte ni ning\u00fan oportunismo pod\u00eda confundir ni negar: era como cualquiera de mis amigos, era un puertorrique\u00f1o m\u00e1s. Conoc\u00ed as\u00ed lo que muchas d\u00e9cadas despu\u00e9s descubrir\u00eda en una frase de Derek Walcott: \u201c&#8230;que el prop\u00f3sito de la poes\u00eda es quedar enamorado del mundo a pesar de la Historia.\u201d<\/p>\n<p>Durante d\u00e9cadas mis pasos me han llevado por las calles de San Juan hasta la gran explanada que queda ante el Castillo del Morro, la fortaleza principal del sistema de defensas que construy\u00f3 la corona espa\u00f1ola. Por siglos nuestra ciudad fue la boca de Am\u00e9rica. All\u00ed comenzaba su cuerpo de casi incontables miembros y comenzaban tambi\u00e9n, luego del azaroso cruce de los mares, las palabras que se compart\u00edan desde ese litoral hasta la Patagonia. He ido all\u00ed incansablemente desde que supe que mi vida estar\u00eda asociada a la escritura, desde que en una noche lejana de Par\u00eds, Eduardo Rodr\u00edguez se convirti\u00f3 en Eduardo Lalo. Me paro en lo alto de las murallas y observo el mar, la lejana l\u00ednea del horizonte que tantas veces he fotografiado. Para los isle\u00f1os, el oc\u00e9ano puede ser un desierto. Todo o casi todo llega por \u00e9l, pero a la vez ese espacio es infranqueable. Uno queda all\u00ed, sobre la muralla, en el l\u00edmite de lo habitable, observando el punto m\u00e1s distante. Pero all\u00ed tambi\u00e9n, el escritor que llegu\u00e9 a ser, descubri\u00f3 el poder devastador de la indiferencia y el silencio. Por esto, probablemente, regreso a esa muralla a contemplar un silencio y un espacio sin l\u00edmites, a los que aparentemente no hay nada que oponerles. Ante ese vac\u00edo entend\u00ed que ten\u00eda que aprender a sobrevivir a ese oc\u00e9ano, que era la imagen de la distancia, el abandono y el aislamiento, y que esta lejan\u00eda del mundo hab\u00eda llevado a su fin a tantos artistas y escritores del Caribe. All\u00ed, sobre la muralla, me percat\u00e9 por qu\u00e9 las palabras mor\u00edan tantas veces en nuestras bocas y en nuestras p\u00e1ginas; conoc\u00ed c\u00f3mo la historia era una m\u00e1quina de invisibilizaciones; supe c\u00f3mo en Puerto Rico la respiraci\u00f3n estar\u00eda siempre en lucha contra la asfixia. Al igual que en las m\u00e1s altas monta\u00f1as del planeta, el mar que nos separaba y desdibujaba era una zona de la muerte.<\/p>\n<p>Un d\u00eda, ya no recuerdo cu\u00e1ndo, supe desde lo alto de esa muralla, con la vista clavada en el horizonte, que era desde ese lugar que deb\u00eda pensar y escribir. En realidad mis pies pisaban un espacio incomparable. No era un \u00e1mbito menor ni prescindible, como tantas veces las toxicidades de nuestras dos conquistas -la espa\u00f1ola y la estadounidense- nos hab\u00edan llevado a pensar. Era un lugar privilegiado para reescribir el mundo, un espacio de visi\u00f3n, un lugar al que solo se pod\u00eda arribar despu\u00e9s de recorrer muchos caminos. Era, es cierto, un sitio roto, sucio, a veces nimio, pero en \u00e9l se encontraba todo lo humano. All\u00ed estaban tambi\u00e9n todas las palabras. Si hubo una epifan\u00eda ante ese mar, fue que nuestra pobreza me daba una libertad enorme. Sobre esa muralla supe que muchos otros, de los m\u00e1s diversos pa\u00edses y \u00e9pocas, hab\u00edan observado tambi\u00e9n ese horizonte, pero que en su caso pod\u00eda haber sido un desierto o una cordillera, la pampa o la favela, la injusticia, la locura o la sexualidad, y se hab\u00edan dado cuenta como yo que en lo sucesivo su deber era permanecer all\u00ed hasta que la lucidez redefiniera el dolor.<\/p>\n<p>En alg\u00fan lugar dije que escribo para reivindicar nuestro derecho a la tragedia. Sobre esa muralla del Castillo del Morro, en San Juan, supe que mi palabra, como la de mi pueblo, como la de tantos hombres y mujeres y pueblos del mundo, se construir\u00eda cuestionando, luchando, rompiendo los pasaportes que nos hab\u00eda reservado y a veces impuesto la historia. As\u00ed supe que con solo ser puertorrique\u00f1o pod\u00eda ser griego; que la tragedia que nos hab\u00eda formado no era menor a ninguna. As\u00ed ese mar dej\u00f3 de ser un desierto y fue a la vez el de Odiseo y el de los arahuacos que desde la costa de Venezuela circularon en dos direcciones, hacia el norte y hacia el sur, poblando el Caribe y Sudam\u00e9rica hasta Brasil y Paraguay. De alguna manera, las palabras y sus sombras nos hab\u00edan permitido sobrevivir y nos hac\u00edan posible el viaje a cualquier tiempo y a cualquier lugar, a pesar de las tempestades y los naufragios de nuestra historia.<\/p>\n<p>Y as\u00ed he llegado aqu\u00ed, ante ustedes. Vengo de Puerto Rico, frontera extrema de Am\u00e9rica latina, el \u00fanico pa\u00eds latinoamericano conquistado dos veces. El pa\u00eds al que la administraci\u00f3n colonial espa\u00f1ola le neg\u00f3 la imprenta hasta comienzos del siglo XIX, al que no le permiti\u00f3 crear una universidad por m\u00e1s de cuatro siglos, al que entreg\u00f3 como bot\u00edn de guerra, como si fuera una hacienda o un cargamento de az\u00facar, a su nuevo dominador. Soy de ese lugar que acaso vivi\u00f3 la globalizaci\u00f3n antes que cualquier otra sociedad, a\u00fan antes de que existiera el t\u00e9rmino y el conocimiento, tanto de sus consecuencias como tambi\u00e9n de las formas de oponerla. Soy de un pa\u00eds que resisti\u00f3 solo, por la fuerza de su propia cultura, a las imposiciones imperiales del pa\u00eds que domina y seduce desde el comienzo del siglo XX. Soy de la sociedad que tiene al preso pol\u00edtico que lleva m\u00e1s a\u00f1os en una c\u00e1rcel en toda la historia de las Am\u00e9ricas, acusado de haber conspirado sediciosamente contra un pa\u00eds al que no pertenece. Oscar L\u00f3pez Rivera lleva 32 a\u00f1os en prisi\u00f3n. Su libertad est\u00e1 al alcance de una sola mano de un solo hombre. Se consigue con una firma humanitaria. Con una firma que ser\u00e1 digna para todas las partes. Pertenezco a una larga lista de escritores marginados, cuando no ninguneados, por el peso de un gentilicio que dif\u00edcilmente se asocia a la grandeza y la victoria. Brillantes artistas cuya luz fue consumida por el aislamiento y la debilidad de las instituciones culturales puertorrique\u00f1as, v\u00edctimas de nuestra incapacidad de auto representaci\u00f3n y, a veces tambi\u00e9n, de auto respeto. Digo aqu\u00ed, como un murmullo, como un sonido llegado m\u00e1s all\u00e1 de los mares, como reivindicaci\u00f3n y acto de justicia, tres nombres que representan a una legi\u00f3n. Que estos muertos homenajeen a tantos vivos: Manuel Ramos Otero, Jos\u00e9 Mar\u00eda Lima, V\u00edctor Fragoso. Vengo y regresar\u00e9 a una sociedad perpetuamente amenazada de muerte por sus fantasmas, por sus terrores, por sus cobard\u00edas. Pero estoy aqu\u00ed con todos mis muertos y todos mis compatriotas.<\/p>\n<p>En un momento \u00fanico como este, recuerdo y reivindico las voluntades de la palabra, las posibilidades enormes de la literatura. El escritor marca la superficie del mundo con el paso de su sombra. El texto, contrario a las apariencias, es una forma ef\u00edmera. En la \u201cCanci\u00f3n de Xaxubutawaxugi\u201d, uno de los \u00faltimos Ach\u00e9 Guayaki del Paraguay, dice su autor ante una noche en la selva equivalente a observar el horizonte desde una muralla de San Juan. Los versos son de una casi insoportable belleza:<\/p>\n<p><i>Yo mismo\u00a0solo\u00a0<\/i><br \/>\n<i>y sin nadie en el mundo\u00a0<\/i><br \/>\n<i>tengo ya el hermoso hoy.<\/i><\/p>\n<div>Los hombres y las mujeres que ejercen cierta pr\u00e1ctica de la escritura pueden comprender el abismo salvador presente en estas palabras. Luego de escucharlas, la noche no ser\u00e1 ya la misma por haber conquistado la plenitud de su momento: el \u201chermoso hoy\u201d. Ning\u00fan pasaporte, ninguna ley imperial, ninguna de las incapacidades hist\u00f3ricas de nuestra naci\u00f3n, puede destruir o silenciar completamente lo que generaciones de hombres y mujeres han descubierto frente al oc\u00e9ano que los separa y los re\u00fane, en las palabras que han reunido cercados por el mar y por la historia.<\/p>\n<\/div>\n<div>En la pobreza que me compone tengo ya al \u201chermoso hoy\u201d. Agradezco profundamente que sea aqu\u00ed en Venezuela, donde quiz\u00e1 por primera vez en mi vida, haya sacado del bolsillo mi verdadero pasaporte, aquel en que ninguna de sus palabras me niega o me condena. Por fin, luego de leer mis datos opacos y turbios ninguna autoridad me detiene. As\u00ed, como los antiguos nautas del Caribe, viajo hacia el norte y hacia el sur, del Mar de las Antillas a la costa venezolana y m\u00e1s all\u00e1. Voy y a la vez regreso y ya no s\u00e9 exactamente lo que significan los puntos cardinales, las islas o los continentes, porque esta noche mi pasaporte ya no es una equivocaci\u00f3n o una decisi\u00f3n tomada por un extra\u00f1o, una agenda inconclusa, una incapacidad hist\u00f3rica o un c\u00famulo de renuncias, sino una forma en que generaciones de puertorrique\u00f1os se han enfrentado a las violencias de su historia, al vac\u00edo del oc\u00e9ano, a su dolor, a su lucha, al fracaso y han formulado as\u00ed palabras que se unen a las voces de todos aquellos que se han enfrentado en cualquier tiempo y lugar con los l\u00edmites de sus cuerpos y sus sociedades.<\/p>\n<p>Pronto volver\u00e9 a San Juan. Ir\u00e9 a la muralla y encontrar\u00e9 de nuevo el oc\u00e9ano. Har\u00e9 como Xaxubutawaxugi en la noche de la selva. Recordar\u00e9 la valent\u00eda y la dignidad de la palabra. Entonces volver\u00e9 a sentir m\u00e1s all\u00e1 del oc\u00e9ano, m\u00e1s all\u00e1 de la historia, el \u201chermoso hoy\u201d.<\/p>\n<div><\/div>\n<p><i>Reproducido del blog de Juan Carlos Quintero:<\/i><br \/>\n<i>http:\/\/delmangle.blogspot.com\/2013\/08\/el-hermoso-hoy-discurso-pronunciado-por.html<\/i><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Discurso de Eduardo Lalo al recibir el Premio R\u00f3mulo Gallegos 2013 por su novela Simone:\u00a0 La mayor parte de los habitantes del mundo poseen or\u00edgenes definidos, estables, pr\u00e1cticamente incuestionables: un lugar, un pueblo, una naci\u00f3n, un documento estatal, que establecen claramente sus coordenadas personales. Sin embargo, existen tambi\u00e9n otros habitantes del planeta cuyos or\u00edgenes son preguntas, equivocaciones o condenas. Recuerdo mis tiempos de estudiante en Europa, cuando invariablemente me deten\u00eda la gendarmer\u00eda francesa en sus puestos de frontera. Recuerdo como<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":97,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-96","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-uncategorized"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/humanidades.uprrp.edu\/estudioshispanicos\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/96","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/humanidades.uprrp.edu\/estudioshispanicos\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/humanidades.uprrp.edu\/estudioshispanicos\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/humanidades.uprrp.edu\/estudioshispanicos\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/humanidades.uprrp.edu\/estudioshispanicos\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=96"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/humanidades.uprrp.edu\/estudioshispanicos\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/96\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":98,"href":"https:\/\/humanidades.uprrp.edu\/estudioshispanicos\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/96\/revisions\/98"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/humanidades.uprrp.edu\/estudioshispanicos\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/97"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/humanidades.uprrp.edu\/estudioshispanicos\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=96"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/humanidades.uprrp.edu\/estudioshispanicos\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=96"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/humanidades.uprrp.edu\/estudioshispanicos\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=96"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}