La pintura escultórica de Raymond Cruz Corchado

Las paredes delimitan los espacios de una galería y sobre las mismas se cuelgan obras de arte, pero el artista Raymond Cruz Corchado revierte esta lógica centenaria en su más reciente exposición: Estratos, abierta el pasado 12 de agosto en la sala FAR de la Fundación Ángel Ramos. Como las composiciones mismas que conforman la muestra, las múltiples posibilidades de interpretación se superponen en una técnica que combina un medio tradicional utilizado de forma no tradicional y evoca reflexiones en diferentes sentidos.

Estratos 8, 2015 16" x 24"
Estratos 8, 2015
16″ x 24″

Cruz Corchado, con la curadoría de Irene Esteves, nos presenta doce obras; pero –aunque el artista ostenta un bachillerato en pintura de la Universidad de Puerto Rico (UPR)- ha prescindido del pincel, la paleta y la espátula a favor de una técnica que comulga con el arte encontrado. Me refiero a que trabajó a base de pedazos de pintura acrílica comercial arrancada de las paredes, para luego pegarlos entre sí –también con sobrantes de pintura- formando bloquecillos de múltiples capas con los que crea complejas composiciones. Si ya nos proporciona una experiencia estética que hace gravitar el pensamiento hacia la revitalización de materiales desechados e incluso al formalismo de la segunda mitad del siglo XX con su reflexión sobre la materialidad de la pintura, el hecho de que una parte del material empleado provenga de la Galería Francisco Oller de la UPR, Recinto de Río Piedras le añade otros niveles a la interpretación. Una parte del espacio, diseñado para albergar temporeramente obras de arte, pasa a convertirse en la materia prima de la obra misma; de ser parte integral de una habitación específica, adquiere una nueva dimensión universal pues esa parte del espacio se desplaza mediante piezas que pueden exponerse en cualquier otro lugar. Esto, como resultado del trabajo de Cruz Corchado como museógrafo de la Galería Francisco Oller en los pasados años, fue el esfuerzo con el que logró transformar en una sala profesional el espacio de exposición que en algún momento lució francamente improvisado. Entonces, con los restos de la transformación, ha creado una serie de obras con una historia que nos invita a descubrir la estratigrafía del pasado cercano, como si de una excavación arqueológica se tratara. El artista logra señalar la relación que es inherente al género artístico de la instalación desde un ángulo distinto. Como resultado, consigue conciliar arte y espacio sin recurrir al ilusionismo pictórico, a su vez devolviendo la obra a la pared -de donde salió-.

Vista del Espesor de las piezas
Vista del Espesor de las piezas

Teniendo presente la relación obra/espacio en la muestra, no se debe pasar por alto la profundidad de las piezas, que alcanzan un relieve mediano. Los bloquecillos de pintura dispuestos horizontalmente, verticalmente, o en combinación, alcanzan, en ocasiones, las dos pulgadas de espesor por lo que algunas obras son casi escultóricas. También es escultórica la técnica pues involucra esfuerzos que en la pintura no se encuentran, sino que se debe al manejo de masas y la utilización de herramientas industriales. De modo que, aunque se les puede llamar pinturas por estar compuestas casi únicamente por este medio, las obras no encajan del todo en ese género artístico. Esto último resulta paradójico si se toma en cuenta que las dimensiones y presentación –enmarcadas y colgadas en la pared- las hace parecer bastante tradicionales. Para nombrar algunas de sus obras experimentales de la década de 1990, la multifacética artista María Luisa Penne de Castillo inventó un término: dibujos escultóricos; así que, dadas las condiciones del trabajo presentado en Estratos, parece conveniente utilizar el ingenio de Castillo para denominar los cuadros de Corchado como pinturas escultóricas.

Ciclos, 2015 16" x 24"
Ciclos, 2015
16″ x 24″

No cabe duda de que en los cuadros de este artista aflora su trayectoria, la cual parte de la pintura, cruza por la gestión cultural, la museografía y atraviesa otros lares, pero trasciende la mera proyección personal para darnos qué pensar a niveles formales, teóricos, interdisciplinarios y hasta eco-ambientales. Son muestra, además, de un lento proceso creativo muy bien concebido y trabajado que le añade una capa a la carrera estratigráfica de Raymond Cruz Corchado. Éste, al no limitarse a participar de una sola posición en el ecosistema del arte, nos ha proporcionado una obra prometedora que ya comienza a ganarse un lugar en los museos más importantes de Puerto Rico con un discurso que logra insertarse en nuestra tradición pictórica y al mismo tiempo pivota suavemente a la contemporaneidad.

 

 

 

 

Por Carlos Ortiz Burgos

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