Ida y Vuelta: Un convenio puertorriqueño

El Museo de Historia, Antropología y Arte de la Universidad de Puerto Rico del Recinto de Río Piedras abrió hace unos meses atrás, su nueva exposición Ida y Vuelta, curada por la doctora y profesora del Programa de Historia del Arte, Laura Bravo.  Fue una experiencia retrospectiva, inclinada al pensamiento de nuestros sentimientos de pertenencia.  Logró ser una de fácil entretenimiento, con una lectura personal y fluida, relacionada a nuestra verdad como país y colonia. De esta manera, se presentaron diversos aspectos, ideas y conceptos, dando espacio a que muchos de los artistas manifestaran lo que fue su propia ida y vuelta.

Antonio Martorell realizando su “performance”

En la apertura de la exposición, el artista contemporáneo puertorriqueño Antonio Martorell, realizó un inesperado “performance”.  Este se vistió de cartero, y se mantuvo en movimiento constante, entregando cartas, y escribiéndole los nombres de las personas que se le acercaban.  Los sobres contenían dos papeles, ambos eran el mismo escrito, una en español y la segunda era una traducción al inglés por Andrew Hurley. La correspondencia resultó ser La Carta de José Luis González, donde un joven le escribe a su madre, acerca de su vida en la ciudad y lo bien que le va trabajando. Este presenta una vida falsa y feliz, que al final, el autor nos devela la realidad de este joven, quien vive en la miseria.

Otra obra presentada por Antonio Martorell fue La Playa Negra I (2011).  Esta es una xilografía impresa sobre papel de tamaño exagerado, en forma de un sello postal. En la parte posterior de la obra (en último plano) se ve un puente como mayor exponente de la ciudad, seguido por rascacielos pintados como siluetas, con personajes que culturalmente parecen ser puertorriqueños. En cuanto a la mujer en ropaje elegante, podría ser la construcción de una imagen falsa de aquella idea o concepto que otros boricuas tienen de sus amigos y familiares que residen en los predios de los Estados Unidos. Sin separar o echar a un lado su realidad como tejedora y el trabajo arduo de un latino del Nueva York de esa época. Además, se representa la maravilla y asombro de un hombre que tiene que retratar o documentar todo lo que experimenta, hasta llegar al primer plano con una ola, un concepto que revela la ida del viaje, o del movimiento. En adición al título, Tar Beach, la obra lleva el título La playa negra, la cual hace referencia a la vista que tenían los latinos en Nueva York de aquellas paredes de brea que cubrían los edificios de la gran ciudad.

“La Playa Negra I”, por Antonio Martorell

Por otra parte, dentro de la sala se hallaban expuestos cuatro calendarios con los meses de enero, julio, septiembre y noviembre, un agrupamiento de obras titulada Oh You Don’t Look Puerto Rican (2017), por la artista y fotógrafa, Mónica Félix.  Estos simbolizan los “días festivos” de nuestro país y los países extranjeros.  En la fotografía del mes de enero, se circuló el día de los Reyes Magos, mientras que en el mes de noviembre se estampó el Día de Acción de Gracias.  Cada uno estaba ilustrado con imágenes de una mujer, vestida con un traje de baño de dos piezas con el diseño de la bandera de Puerto Rico. Tal figura femenina es un autorretrato de la artista y su lucha con la “imagen” o “estereotipo” de la apariencia física de una mujer boricua en los Estados Unidos.

Por último, hubo una instalación innovadora creada por Marta Mabel Pérez llamada, Hora de echar un pie (2001), en la que los visitantes podían interactuar y reflexionar sobre una decisión que ya tantas familias y personas alrededor de nuestro país han tomado.  Aquel participante se paraba en el centro de un círculo y de ahí tenía que lanzar un avión hecho de papel.  Estos tenían dos imágenes, en el adverso se veía una mujer joven en una bata de baño mojada, mientras que en el reverso se podía observar el agua del mar.  De esta manera, hace pensar lo difícil que es escoger entre irse o quedarse para el mejor futuro de nuestro ser y nuestra tierra.  Sin embargo, como individuos sin diferenciar juzgamientos, uno contempla por su cuenta su sentencia.

Esta exposición abarca y acoge un mundo de arduas decisiones respecto al éxodo masivo de los artistas al extranjero, y cómo ha sido su vuelta a la isla. Hace reflexionar sobre la complacencia, la fe que tiene que mantener una persona para conservar la esperanza y prosperar en medio de circunstancias difíciles. Por tal razón, en esta exposición pude experimentar tantos sentimientos paradójicos, e incluso aclarar mi conflicto interno sobre el irme o quedarme en Puerto Rico.

“Hora de echar un pie”, por Marta Mabel Pérez
“Oh You Don’t Look Puerto Rican “ por Mónica Félix 

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