Catarsis

El huracán María ha sido uno de los fenómenos más impactantes en la historia de Puerto Rico. A seis meses de su paso, aún permanece intacto el amargo y agobiador regusto que nos ha dejado. Claramente, se ve en los semáforos aún sin funcionar, en los postes de luz que permanecen caídos, y en el simple hecho de que en ciertos lugares, a estas alturas, no haya energía eléctrica desde el huracán Irma. Notoriamente, se siente en la abrumadora atmósfera al abrir los ojos ante el nuevo amanecer. Con el veloz paso del tiempo y la autenticidad del escenario, parece como si todavía no hubiera superación desde ese 20 de septiembre de 2017. A pesar de que el huracán no es nada más ni nada menos que un fenómeno natural, la realidad es que cada persona tiene su versión y perspectiva de lo que ha abatido el país. Por tanto, Catarsis ha sido una exhibición oportuna, que ha tomado lugar en el Museo de las Américas en el Viejo San Juan. La misma tiene como propósito exponer las experiencias de lo que ha sido el huracán María para los artistas, transmitiendo sus sentimientos hacia los espectadores.

Lo primero que me ha fascinado de la visita ha sido el ambiente en el que se encontraba la sala de exhibición. Considero muy inteligente y sensato el haber tenido todas las ventanas abiertas ese día. Una vez puse pie en tal espacio, sentí un frío inmediato, que automáticamente me trajo recuerdo de aquel 20 de septiembre. La brisa que entraba recorría todo el espacio, dándole una sensación de interconexión con las obras presentadas. El papel que jugó la ventisca le dio una magia que envolvió toda sala. A medida que observaba cada obra, con el poder del viento éstas temblaban, dándole a cada una voz propia.

Generalmente, las exhibiciones cuentan con guías para los visitantes. Sin embargo, en el caso de Catarsis, la dinámica no ha sido así. Simplemente se ingresaba a la sala y cada espectador era libre de observar cada obra, elemento con el cual he estado de acuerdo. En mi opinión, el análisis de esta exposición es más bien personal. No era una exhibición de la cual se supiera la metodología, el propósito o la meta. Por el contrario, era una conversación, una reinvención, un diálogo, entre las obras y el espectador.

De todas las obras presentadas sólo dos han logrado quedarse en mi mente desde entonces. La primera pieza, titulada Guernica Puertorriqueña, por Sandra González, ha sido una muy atractiva. Cuando se piensa en el huracán, diversas situaciones reviven en nuestras mentes: la falta de agua y energía eléctrica, daños en los hogares, la dificultad de conseguir combustible, entre otras. Sin embargo, esta artista tuvo la idea de unir todas las realidades, provocando la sensación de lo que verdaderamente ha sido este fenómeno para la isla, un caos.

                                                      Guernica Puertorriqueña por Sandra González

El cuadro es lo suficientemente grande y amplio como para plasmar su propósito. Por un lado, cierta parte del fondo es oscura, mientras que los personajes se representan con tonos claros. Hay una mujer con grandes botellas que no tienen agua. A su lado hay un hombre que, a mi entender, está agonizando. En su mano lleva un plato vacío, queriendo decir que ha muerto de hambre, sin dejar atrás a su mascota que a su lado permanece y le observa. Así mismo, se ve otra mujer que llora a su hijo, que también aparenta estar muerto y cubierto por la bandera puertorriqueña en tonos negro y blanco. Además, al extremo del cuadro derecho hay un hombre que está a punto de ser cubierto por las aguas, queriendo decir que se encuentra en medio de una inundación. A pesar de que cada escenario es distinto, curiosamente todos los personajes llevan casi la misma expresión. Todos miran hacia la única luz que alumbra, la cual iluminan los aviones que se están alejando de la catástrofe, de la oscuridad donde los personajes se encuentran.

Por otro lado, la obra En Fuga por Ángel L. Cora ha sido la más que me ha maravillado. Esto no solo por la proyección de lo que ha sido el huracán María, sino por la presentación de la diáspora puertorriqueña, un fenómeno muy impactante, pues cada vez son más las personas que se van, lo cual deja mucho qué pensar y decir. La triste realidad de esto es el hecho de que cada vez son más los jóvenes que quieren abandonar la isla. Aquellos que están a nivel universitario sólo esperan a graduarse, porque el pasaje ya lo llevan en mano.

                            En Fuga por Ángel L. Cora

Lo primero en llamar mi atención ha sido la técnica que el artista ha empleado en su trabajo. La obra brinda una sensación de lejanía, donde se contempla la formación de un sendero. Más adelante se distinguen dos hombres, uno es una persona mayor, y el otro es un adulto cuyo rostro es de tristeza y lamentación. Ambos se abrazan, o más bien se despiden a la orilla del mar. Por consiguiente, se ven personas, al parecer profesionales e inclusive estudiantes con vestimenta de graduación. Luego de esto, se encuentra el mar dividido a la perfecta mitad como sucedió cuando Moisés abrió el Mar Rojo para sacar a su pueblo de Egipto. Ese detalle lo he considerado completamente extraordinario. No sólo eso, dentro de la división del mar se encuentran más personas, pero estos forman la bandera de Puerto Rico encaminándose hacia el destino en el cual se divisa la estatua de la Libertad, el Empire State Buiding y la Casa Blanca. Evidentemente, la meta es Estados Unidos.

Debido a que algunos cuadros tenían representaciones de Estados Unidos, me había parecido interesante saber qué opinaban en realidad los estadounidenses. Durante toda mi vida, siempre pensaba que los estadounidenses sentían un completo desagrado por Puerto Rico. Evidentemente era un punto de vista equívoco, generalizando. Tuve la oportunidad de conocer una pareja de personas mayores estadounidenses en el museo. Éstos se encontraban frente a la obra En Fuga, por lo que tuve la osadía de preguntarles qué opinaban, honestamente, de la misma. Por un lado, la señora opinó: “Para mí es impresionante y triste a la vez todo esto del huracán. De hecho, lo que hizo Trump fue una gran humillación. Nos sentimos completamente avergonzados de eso”. Mientras tanto el señor comentó: “La imagen en sí misma es increíble. El concepto es realmente impactante, pero es la triste realidad. Es triste que se tenga que ir tanta gente, sólo porque las circunstancias del mismo país los obligan”. Al escuchar esto, no pude evitar contemplar la imagen de nuevo, especialmente la bandera encaminándose, o más bien yéndose, y pensé: “Se nos va la isla.”

Admiro cada pieza que fue presentada en la exhibición, aunque hubo ciertas cosas que no estuvieron expuestas. Por ejemplo, la ficha técnica, la cual contiene la fecha de creación, el soporte y las medidas de los cuadros. En algunas exposiciones, ciertas obras, además de tener el nombre del artista, también tienen algunas palabras, explicando brevemente su obra, o una simple introducción. Muchas veces funcionan cuando ciertas obras parecen incomprensibles. Eso no se vio en la exposición de Catarsis, pero desde mi punto de vista, pienso que así ha sido mejor, porque esta exhibición ha sido especial. El huracán María nos ha desalentado a todos, y por ende, pienso que no eran necesarias las palabras, por la razón de que debe haber un dialogo lleno de compasión y solidaridad entro lo que han vivido los/as artistas y lo que hemos vivido nosotros/as. Son recuerdos que permanecerán tatuados en nuestras memorias. El propósito central ha sido plasmar el dolor ajeno y percibir todos los sentimientos y emociones que transmitía cada una de las pinturas con sólo observar, con un poco de silencio y con todo el corazón.

 

Por: Zaida I. Jiménez De Los Santos

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