Bloques hilados en la memoria

Exposición: Engrama, Angel Borroto y Niko Cacho, 2016. Foto suministrada por los artistas.

Las distintas estructuras mediante las cuales el individuo se forma han sido los temas de estudio del cuerpo de trabajo de Ángel Borroto y Niko Cacho anteriormente, pero esta vez ahondan hasta su base: el hogar. Engrama, su más reciente exposición, explora el fundamento de las sociedades modernas. La rigidez de los límites, la repetición de conductas y cómo esto atrofia la formación del pensamiento, son las críticas que plantean como consolidación de esta etapa de sus carreras.

La clave que orienta la lectura de esta selección radica en el título de la muestra: Engrama. Quizá para la comprensión de la misma nos sirva el Diccionario Oxford (en línea), cuando define este término como la: “Impresión que deja un acontecimiento en la memoria”. De modo que las piezas funcionan desde la premisa de que la mente se desarrolla mediante estímulos. En este caso, estos son aquellos a los que nos exponen involuntariamente, antes de tener conciencia y que, de hecho, construyen la misma.

De esta manera, que mejor que la casa misma para repensar el hogar. El espacio es una de las preocupaciones en la obra de Cacho y Borroto, y con toda intención eligieron la Galería Casa Jefferson para esta exhibición inaugurada el 9 de marzo.  Este hogar familiar acogió materiales crudos –que son habituales para los artistas- implementados de manera sutil. Pero, la presencia de la primera obra en video de Borroto acentúa la selección y la coloca en nuestro tiempo/espacio.

Exposición: Engrama, Angel Borroto y Niko Cacho, 2016. Foto suministrada por los artistas.

A la entrada de la exposición, dividiendo sala y comedor, nos confronta una instalación a base de hilos de estambre dispuestos horizontalmente, que van desde el suelo al techo. Así, Cacho crea una pared semi-permeable para la experiencia cotidiana. Esta es posible de atravesar con la vista, pero no con el cuerpo, a pesar de que se compone de un material frágil. La reflexión sobre los límites que se forman en el seno familiar se refuerza mediante el video que se aprecia a través de la misma. En este se percibe el pietaje de dos personas inflando globos, dando comienzo la persona de la izquierda y en seguida la de la derecha le sigue el paso, hasta que el primer globo revienta y luego el segundo. Esto se repite en un circuito sin fin, como las conductas que pasan de padres a hijos, sean beneficiosas o nocivas. Añádase a esto que, en palabras de Borroto, “el sonido de la respiración le da vida a la casa” al escucharse en todas las habitaciones.

Discretamente, a la derecha del muro de estambre, se encuentra una sencilla obra en papel y tinta, que es quizás la pieza más representativa. Se compone de ocho hojas de tamaño carta completamente repletas de lo que pueden parecer palabras –como en un cuaderno de caligrafía– pero que, de cerca, se descubre que en realidad son garabatos. Su simplicidad contrasta con la contundencia de su planteamiento, cuyo mensaje alude a que la repetitividad no conlleva a un aprendizaje o, peor aún, puede aprenderse bien el disparate.

Exposición: Engrama, Angel Borroto y Niko Cacho, 2016. Foto suministrada por los artistas.

Otra obra igual de importante, aunque más bien por su peso visual, es aquella que atraviesa diagonalmente la primera habitación, que consiste de un muro de bloques de concreto que se hace más delgado en la medida en que crece en altura. El muro, límite físico del hogar, adquiere una dimensión simbólica al traspasar obstinadamente en medio de la habitación como un estorbo. Ese obstáculo tan presente en muchas familias parece recordarnos la imposición de ideologías que incluyen conductas sociales, inconciencias políticas y religiosas, entre otros.

Exposición: Engrama, Angel Borroto y Niko Cacho, 2016. Foto suministrada por los artistas.

Junto a la pieza anterior, siguiendo el tema, otras obras de Borroto vuelven a la plataforma escultural que presentó en sus últimas exposiciones: un cajón de madera rectangular de unos seis pies de altura relleno, esta vez, de bloques de cemento precariamente acomodados. Es una estructura malograda de contorno frágil y entrañas desajustadas. Aquello que debería conformar una base sólida, al encontrarse malformado, amenaza los límites débiles.

Cabe notar que cada pieza cuenta con una iluminación específica que va de mayor a menor intensidad desde la entrada hasta la habitación final. Así, la última obra de la muestra, arropada en una luz tenue, consta de muchos fragmentos rojos que descansan sobre una mesa rústica. Los mismos parecen ser cerámica rota, envueltas en el mismo estambre que la pared de la entrada. Como fragmentos ocultos de la memoria, pedazos inconscientes, forman un conjunto de formas heterogéneas, aisladas entre sí y unidas por un exterior enredado.

En fin, es relevante mencionar que los artistas son pareja y que esta es su primera exposición sin otros artistas, aunque han exhibido individualmente. Si han trabajado obras colectivas, las incluidas en Engrama son individuales; haciendo de la galería el hogar de sus cuerpos de trabajos. Hogar donde el hombre construye paredes de bloques -aunque no sirvan, sean inestables y estorben- y la mujer hilvana ideas para homogenizar y limitar, ficticiamente, el libre desarrollo del pensamiento. Es evidente pues la crítica mordaz y posmoderna queda más que clara a cualquier visita.

Exposición: Engrama, Angel Borroto y Niko Cacho, 2016. Foto suministrada por los artistas.

Por: Carlos Ortiz Burgos

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