Bárbara Díaz Tapia: Educación Sentimental

La maternidad ha sido un tópico prevalente en el arte desde sus inicios. Desde la Virgen María, que está arraigada en nuestra cultura como arquetipo de «la gran madre», hasta las escenas íntimas entre madre e hijo que retrata Mary Cassatt, las madres continúan ocupando un pedestal tanto literal como figurativo. Pero ¿qué sucede cuando la madre es una mujer pobre y descuidada, cuyos hijos básicamente se crían por sí mismos? Este tipo de maternidad es al que alude Bárbara Díaz en Educación Sentimental, con sede en el Museo de Arte Contemporáneo de Puerto Rico. La exhibición, curada por el gran artista puertorriqueño Nelson Rivera, muestra una maternidad incómoda y violenta. Asimismo, revela a la mujer como un cuerpo oprimido y denuncia los sistemas de poder que oprimen dicho cuerpo.  

Al adentrarnos en la primera sala, nos topamos con imágenes grotescas de mujeres. Sus constituciones suponen una explosión de extremidades y colores en los grandes lienzos que cubren la pared. Díaz Tapia describe estos cuerpos como “cuerpos en dolor”. Esta dolencia puede apreciarse claramente en piezas como Autocombustión y Explotación, donde las madres plasmadas mueren de manera repentina y violenta. En las dos pinturas hay un bebé y, en ambos casos, la ausencia del padre es evidente. 

Simbiosis, 2014.

Si vemos las obras de la siguiente sala, de primera instancia, podríamos pensar que Díaz se expresa en contra de aquellas madres pobres que, según la sociedad, solo tienen hijos para aprovecharse de beneficios gubernamentales. En Simbiosis se ilustra la fila para entrar a un edificio gubernamental. Una mujer embarazada, rodeada de hijos a los que ignora por usar su teléfono celular, protagoniza la composición. Las caras de los niños parecen ajadas: llenas de arrugas, sin dientes y con ojeras que ponen en manifiesto lo dificultoso de sus vidas. Sin embargo, el rostro de la madre aún luce juvenil; adolescente, incluso. Para colmo, está justo frente a un cartel que lee “Ausente en la Educación de mis Hijos”. 

Esta primera impresión parecería estar justificada. No obstante, al seguir observando la obra, notamos el espacio al que la madre aguarda por entrar. Personas agachadas hacen gestos suplicantes. Tal vez pagan la luz y el agua, tal vez piden una prórroga. De todos modos, el título de la obra va cobrando sentido y esclareciéndose mientras más se mira. El gobierno de Puerto Rico necesita al pueblo empobrecido y el pueblo empobrecido necesita al gobierno. De esta relación «simbiótica» resulta el vicioso y vigente ciclo político que se ha extendido a lo largo de los últimos 60 años. Las demás piezas de la sala —como Puttos y Graduación— hablan sobre cómo la falta de educación sexual contribuye al embarazo en la adolescencia. Para Díaz, el enemigo no es el adolescente ignorante que tuvo sexo sin protección, sino el gobierno que falló en educarlo y protegerlo.

Finalmente, Díaz aborda la violencia contra la mujer en sus obras

Las hijas del gobernador se hacen las tetas, 2016.

Vicio Solitario y Las hijas del gobernador se hacen las tetas. En Vicio Solitario se representa a una mujer en una relación abusiva. Está sentada en el suelo, llena de moretones y chichones, mientras un perro la lame y le entierra sus garras simultáneamente. Detrás de ella, la puerta cerrada apunta a que está atrapada y no tiene forma de escapar. Las hijas del gobernador se hacen las tetas (referencia indudable a la obra de Campeche) es, posiblemente, una de las piezas más espeluznantes en toda la exhibición. Una figura abstracta y oscura tortura a una de las mujeres con una táctica pornográfica que succiona sus pechos. La otra mujer en la composición también es víctima de torturas. Tiene abrazaderas ajustadas que hinchan y enrojecen sus senos. La pieza está colmada de instrumentos que se han utilizado para atormentar a las mujeres durante siglos. Es un comentario sobre la misoginia donde se revela que la historia de la violencia contra la mujer es una longeva, ardua e inconclusa

Bárbara Díaz Tapia ofreciendo recorrido.

La obra titular de la exposición, Educación Sentimental, se halla al final de la última sala, mas es lo primero que se distingue al entrar. Captura la atención inmediatamente. La pintura discute, una vez más, la carencia de educación sexual en la crianza de la juventud. Enseña una madre que les hace caso omiso a sus tres hijos e hija mientras habla por teléfono. Uno de ellos ve la película Saló o los 120 días de Sodoma y está rodeado de otros filmes con temática sexual. Los otros hijos lloran o buscan qué comer en el suelo. No obstante, al fondo del cuadro, se reseña un esquema de color completamente diferente. En un cuarto aislado del resto de su familia, una adolescente se masturba. Esta es una de las pocas figuras en toda la muestra que está disfrutando. Solo al explorar su sexualidad es que esta mujer —a diferencia del resto de las mujeres en las demás obras— consigue la felicidad. 

Bárbara Díaz Tapia es una artista que no se inhibe de atacar temas difíciles. Desafiar el concepto de la maternidad, que es tan sagrado en nuestra sociedad, confirma precisamente lo previo. Su obra se enfoca en aquellas madres que son incapaces de encajar en un molde ideal por su marginación y escasez de privilegios. Sin embargo, Díaz “nunca enjuicia a las madres, sino a la maldad en sí”. El juicio de Díaz es uno hermoso y horrible a la vez. Esta repleto de símbolos y detalles que, pese a la incomodidad que suscitan, deben observarse con detenimiento para entender el mensaje tan tajante que la artista intenta transmitir.

 

Por: Wildalys Marie Quiñones

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *