Arnaldo Cotto y su deconstrucción de un autorretrato

Con motivo de la celebración de la 16ta Muestra Nacional de Arte en el Arsenal de la Marina Española, y en el Museo de Casa Blanca en el Viejo San Juan, abierta el pasado 14 de marzo, visité la muestra para observar el trabajo plástico que se ha estado produciendo en la Isla en los últimos años, tanto por artistas experimentados como noveles. Entre los temas recurrentes en las propuestas artísticas de toda la exhibición, están los paisajes que parecen intentar redefinir los paradigmas del arte puertorriqueño contemporáneo. Las fuentes de inspiración de los artistas fueron tan variadas como las técnicas en las que trabajan, pendoneando entre los medios tradicionales y otros experimentales en cada una de las salas.  La propuesta artística del artista plástico Arnaldo Cotto forma parte de la excepción a lo tradicional y lo recurrente.

Localizado en la Sala Este del Antiguo Arsenal de la Puntilla, la pieza titulada Deconstrucción de un autorretrato, de Cotto, maneja—como afirma el título—la deconstrucción de su autorretrato, tanto a nivel literal como a nivel metafórico, utilizando la fotografía en una pieza que se define en un punto medio entre escultura e instalación. El artista invita a que observemos la pieza como una en proceso, establece un parangón entre la representación fragmentada de su persona y la condición de siempre estar incompleto; la vida siempre vista como una pieza inacabada. Experimentando con la fotografía análoga y la impresión sobre madera — medio no tradicional— la imagen de Cotto se derrama en el suelo de la sala de exhibiciones.

detalleLa  propuesta del recien egresado del Departamento de Bellas Artes de la Universidad de Puerto Rico, además nos lleva a cuestionar cuántos de los trozos que nos forman como individuos perduran en una objeción al dar por sentado lo definido. Su deconstrucción requiere una mirada magnificada y especializada al observar, para descartar y depurar elementos y encontrar la esencia. El sujeto representado en la obra no confronta al espectador, le da la espalda y, a su vez, le da la espalda a su pasado. Éste sostiene en su mano algunas fotografías ilegibles que nos desalientan como espectadores —nos señala, quizá, el pasado del artista— pero nada se adivina de su futuro. El decaimiento del soporte en el que está impresa la fotografía nos hace pensar en el cambio como una constante en la vida. A su vez, la reinvención implica una innovación de quienes somos y el despegarnos de navegar en lo conocido. Es este desapego el que trasciende el muro —donde tradicionalmente se exhibe la fotografía— y se despliega hacia el suelo señalando así la desintegración de quienes somos.

Resulta interesante observar cómo forma parte de esas propuestas de artistas plásticos de propios de la era contemporánea quienes intentan definir el arte bajo sus propios términos, alejándose de los principios establecidos por la Historia del Arte.

El ejercicio de recorrer el pasado propio podría parecer fútil, pero es necesario; es lo que mantiene vivo el espíritu creador del artista contemporáneo y es lo que está presente en la 16ta Muestra Nacional de Arte. Un soplo de vida que inspira a continuar hacia adelante, inciertos en el destino pero orgullosos de seguir de pie, de seguir creando y no poner límites en la creación, en el crecimiento como artistas y como seres humanos, intentando completar el rompecabezas del enigma humano. He aquí, entonces, la interpretación más general de la pieza de Cotto: el retratar ése enigma.

Por Félix Rodríguez Gutiérrez

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